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23 de octubre Rama Ekadasi

Romper entre 5:40 – 9:40

Mahãraja Yudhisthira dijo, “Oh Janãrdana, oh protector de todos los seres, ¿cómo se llama el Ekãdasi que ocurre durante la quincena oscura del mes de Kãrtika? (Octubre-Noviembre). Por favor, impárteme este conocimiento sagrado.

El Señor Supremo Sri Krsna replicó, “Oh león entre los reyes, escucha por favor: El Ekãdasi que ocurre durante la parte oscura del mes de Kãrtika es llamado Ramã Ekãdasi. Es sumamente auspicioso, pues erradica de inmediato los pecados más grandes y concede la vía a la morada espiritual. Te narraré su historia y glorias.

Una vez vivió un famoso rey llamado Mukucunda, quien era amigo del Señor Indra, el rey del cielo así como de Yamarãja, Varuna y Vibhisana, el hermano piadoso de Rãvana. Mucukunda siempre decía la verdad y Me prestaba servicio devocional constantemente. Dado que regía conforme a los principios religiosos, en su reino no había perturbaciones. La hija de Mucukunda llamada Candrabhaga, en honor a un río sagrado, fue dada por el rey en matrimonio a Sobhana, el hijo de Candrasena. Un día, Sobhana visitó el palacio de su suegro en el día auspicioso de Ekãdasi. Esta visita puso bastante ansiosa a la esposa de Sobhana, Candrabhãga, pues ella sabía que su esposo estaba físicamente muy débil e incapaz de soportar la austeridad de un ayuno completo de un día.

Ella le dijo, “Mi padre es muy estricto respecto a seguir Ekãdasi. En Dasami, el día antes de Ekãdasi, el bate un gran tambor y anuncia: “ ¡Nadie debe comer en Ekãdasi, el día del Señor Hari!” Cuando Sobhana oyó el sonido del tambor, le dijo a su esposa, ‘Oh hermosa, ¿ y ahora qué haré? ¡Por favor dime como puedo salvar mi vida y a la vez obedecer la rigurosidad de tu padre!

Çandrabhãgã replicó, ‘Mi querido esposo, en la casa de mi padre nadie -ni siquiera los elefantes y caballos, qué decir de los seres humanos-, come en Ekãdasi. Ciertamente, ninguno de los animales recibe su ración de granos, hojas o heno, ¡ni siquiera agua! en Ekãdasi, el día del Señor Hari. Así pues, ¿cómo puedes escapar al ayuno? Amado mío, si es que debes comer algo, entonces debes irte de aquí ahora mismo. Decide con firme convicción lo que harás’.

El Príncipe Sobhana replicó, “He decidido ayunar en el sagrado día Ekãdasi. Cualesquiera sea mi destino, seguramente sucederá”. Con esa decisión, Sobhana intentó ayunar en ese Ekãdasi, pero se perturbó en exceso debido al hambre y la sed. En su momento, se puso el Sol en el Oeste y la llegada de la auspiciosa noche puso muy felices a todos los Vaisnavas.
Oh Yudhisthira, todos los devotos disfrutaron la adoración del Señor Hari y permanecieron despiertos durante toda la noche, pero en el caso del Príncipe Sobhana, esa noche fue absolutamente insoportable. Ciertamente, cuando el Sol salió en Dvãdasi, Sobhana estaba muerto. El Rey Mucukunda observó el funeral de su yerno, ordenando se reuniera una considerable provisión de madera para el fuego, pero ordenó a su hija Candrabhãgã que no se uniera a su esposo en la pira funeraria.

Así pues Candrabhãgã, después de realizar todos los procesos purificatorios honrando a su esposo fallecido, continuó viviendo en la casa de su padre”. El Señor Krsna continuó, ‘Oh el mejor de los reyes, aunque Sobhana murió debido a que observó Ramã Ekãdasi, el mérito adquirido le permitió, después de la muerte, convertirse en el regente de un reino en la cima de la Montaña Mandarãcala. Este reino era como una ciudad de los semidioses; muy brillante, con infinitas joyas incrustadas en las paredes de sus edificios. Las columnas estaban hechas de rubíes y el oro incrustado con diamantes brillaba por todas partes. Cuando el Rey Sobhana se sentaba en un trono debajo de un dosel blanco puro, los sirvientes lo abanicaban con escobillas de yak.
Sobre su cabeza descansaba una imponente corona, hermosos aretes adornaban sus orejas, un collar agraciaba su garganta y brazaletes y pulseras enjoyadas rodeaban sus brazos. Era servido por los Gandharvas (los mejores trovadores celestiales) y Apsarãs (danzarinas celestiales). Verdaderamente, parecía un segundo Indra. Un día, un brãhmana llamado Somasarmã, que vivía en el reino de Mucukunda, llegó hasta el reino de Sobhana mientras viajaba por diversos lugares de peregrinaje. El brãhmana vio a Sobhana en toda su gloria resplandeciente y pensó que debía ser el yerno de su propio rey, Mucukunda. Cuando Sobhana vio al brãhmana que se acercaba, de inmediato se levantó de su trono y le dio la bienvenida.
Luego que Sobhana hubiera ofrecido sus respetuosas reverencias, preguntó al brãhmana por su bienestar y por la salud y bienestar de su suegro (de Sobhana), su esposa y todos los residentes de la ciudad.
Somasarma replicó, ‘Oh rey, en el reino de tu suegro todos están muy bien y Candrabhãgã y demás miembros de tu familia también lo están. La paz y la prosperidad reinan en toda la tierra. Pero, oh rey, ¡me sorprende encontrarte aquí! Por favor cuéntame sobre ti. ¡Nadie ha visto jamás una ciudad hermosa como ésta! Ten la amabilidad de decirme como la obtuviste’.

El Rey Sobhana dijo, ‘Dado que observé Ramã Ekãdasi, se me entregó esta espléndida ciudad para reinar en ella. Mas pese a toda su grandeza, es solo temporal. Te ruego que hagas algo para corregir esta deficiencia. Ya lo ves, es solo una ciudad efímera. ¿Cómo puedo hacer permanentes su belleza y glorias? Ten la amabilidad de instruirme’. El brãhmana preguntó, ‘ ¿Porqué este reino es inestable y de que manera ha de volverse estable? Por favor, explícamelo completamente y trataré de ayudarte’.

Sobhana respondió, ‘Dado que ayuné en Ekãdasi sin nada de fe, este reino no es permanente. Ahora oye como puede volverse permanente. Por favor vuelve con Candrabhãgã, la hermosa hija del Rey Mucukunda y dile lo que has visto y comprendido sobre este lugar y sobre mí. Seguramente si le dices eso, mi ciudad pronto se volverá permanente’. Así pues, el brãhmana volvió a su ciudad y relató todo el episodio a Candrabhãgã, quien estaba tanto sorprendida como feliz al saber estas noticias. Ella dijo, ‘Oh brãhmana, ¿lo has visto en un sueño o es una realidad? ‘Somasarma replicó, ‘Oh princesa, ciertamente que he visto a tu último esposo cara a cara en ese maravilloso reino, que parece uno de los reinos de los semidioses. Mas el dice que todo su reino es inestable y puede desvanecerse en el aire en cualquier momento. Por lo tanto, tiene la esperanza de que tú encuentras una vía para hacerlo permanente’.

Candrabhãgã dijo, ‘Oh sabio entre los brãhmanas, ¡por favor llévame con mi esposo de inmediato, pues deseo muchísimo verlo de nuevo! Seguramente yo haré que su reino sea permanente con el mérito que he adquirido ayunando en cada Ekãdasi durante mi vida. Por favor reúnenos nuevamente. Se dice que quien reúne a las personas separadas obtiene un mérito muy grande’.

El brãhmana Somasarmã luego condujo a Candrabhãgã al refulgente reino de Sobhana. Antes de llegar a él, se detuvieron a los pies del Monte Mandarãcala, en el sagrado ãsrama de Vãmadeva. Al oír su historia, Vãmadeva cantó himnos de los Vedas y roció agua sagrada sobre Candrabhãga. Por la influencia de los ritos de ese gran rsi, el mérito que ella había obtenido por ayunar en tantos Ekãdasis, convirtieron su cuerpo en trascendental. Extática, con sus ojos maravillados, Candrabhãgã continuó su viaje. Cuando Sobhana vio a su esposa aproximándose a él, en lo alto de la Montaña Mandarãcala, se abrumó de alegría y la llamó con gran felicidad. Luego que ella llegara, el la sentó a su izquierda, y ella le dijo, ‘’Oh muy querido, por favor escucha mientras te narro algo que te beneficiará grandemente. Desde que tenía ocho años de edad he ayunado regular y fielmente en cada Ekãdasi. Si te transfiero todo el mérito que he acumulado en tal sentido, tu reino seguramente se volverá permanente y su prosperidad aumentará hasta la venida de la gran inundación!’.

 El Señor Krsna continuó, “Oh Yudhisthira, de esta forma Candrabhãgã, que estaba hermosamente adornada con los ornamentos más bellos y tenía un exquisito cuerpo trascendental, finalmente disfrutó de la paz y felicidad con su esposo. Por la potencia de Ramã Ekãdasi, Sobhana descubrió que su reino en la cima de la Colina Mandarãcala, podía cumplir todos sus deseos y dispensar sobre el la felicidad duradera, como la que se obtiene de la vaca Kãma-dhenu.

Oh el mayor de los reyes, así pues te he narrado las glorias de Ramã Ekãdasi. Todo aquel que observe el sagrado Ekãdasi durante tanto la quincena clara como oscura de cada mes, es indudablemente liberado de las reacciones al pecado de matar a un brãhmana. No se debe distinguir entre los Ekãdasis de la parte clara y oscura del mes. Como hemos visto, ambos pueden conceder placer en este mundo y liberar incluso a las almas más caídas y pecaminosas.

Tal como las vacas negras y las vacas blancas dan leche de la misma calidad, los Ekãdasis de la quincena oscura y clara conceden el mismo alto grado de mérito y eventualmente liberan del ciclo del nacimiento y la muerte. Todo aquel que simplemente oiga las glorias de este día sagrado, Ramã Ekãdasi, se libera de toda clase de pecados y llega a la morada suprema del Señor Visnu’.

Así termina la narración de las glorias de Kãrtika-krsna Ekãdasi o Ramã Ekãdasi, del Brahma-vaivarta Purãna.